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lunes, 17 de noviembre de 2008

G20 + 1

Zapatero ha vuelto de su viaje americano, tras haber asistido a la reunión del G20. Cierto es que, aunque entráramos por la gatera en la reunión, nuestra voz parece que se ha oído y que, además, se nos ha prometido que en la próxima estaremos, además con nuestra bandera.

Créanme si les digo que la reunioncita de marras me parece que poco va a resolver. Hoy amanecemos con la noticia de la suspensión de pagos (aunque ahora se le llama de otra forma, concurso de acreedores) del Grupo Tremón. El grupo ha cifrado su deuda en más de 1.000 millones de euros. Casi nada. Arrastra a 16 entidades financieras, que han valorado que el impacto será limitado. A la matriz (Grupo Tremón) se han sumado la gestora de hoteles, TRH (Hotel Alcora y Hotel La Motilla, que nos tocan de cerca), y la promotora inmobiliaria, Atlantis.

A esto nos tenemos que ir acostumbrando, porque van a seguir siendo más las empresas y grupos que irán entrando en esta rueda del "concurso de acreedores", así como se seguirán produciendo expedientes de regulación de empleo (Ono, SAntana, etc.), con cifras que dan miedo pensar, durante al menos el próximo año 2009, que dicho sea de paso se presenta feo, bastante feo.

Si los que tienen el poder y la información nos lo están pintando así de mal, ¿qué será de nosotros?

Tengo miedo, cada día que me levanto, de perder mi empleo y el poder adqusitivo que tengo en estos momentos. La cosa pinta mal. Cada vez que me tropiezo en internet con el informe de algún analista económico, se me pone la carne de gallina. Por eso decía al principio que la reunión del G20 (en este caso G20 + 1) me prece que de poco ha servido. Todo se aplaza a un próximo encuentro, donde se analizarán las medidas tomadas desde este momento, medidas las cuales no he logrado conocer.

Creo que todo esto ha sido una burda maniobra para que los ciudadanos de a pie creamos que nuestros más altos dirigentes políticos están igual de preocupados que nosotros; que se han sentado durante algo más de dos mediosdías a estudiar concienzuda y sesudamente cuál es la situación y cuáles son la soluciones.

Permítanme que les diga que yo soy muy torpe, al no entender nada de todo esto. Porque la cosa la sigo viendo igual de fea.





Y lo que te rondaré, morena.




lunes, 20 de octubre de 2008

LIU ZHIHUA

Ustedes se preguntarán que quién es este señor, si han descubierto que se trata del nombre y apellido de un señor, chino para más señas. Pues aquí estoy yo para decirlo: se trata, nada más y nada menos, que de… (suena un redoble de tambor) ¡el teniente de alcalde encargado de Obras Públicas, Propiedad Inmobiliaria, Tráfico y Deportes de Pekín!

El post viene a raíz de leer en un periódico en la red el siguiente titular: “Condenado a muerte por corrupción el responsable de las obras de Pekín 2008”.

¿A que ahora se explica todo?

Casí no han pasado dos meses desde que se clausuraran las Olimpiadas de Pekín 2008 y ya tenemos un caso de corrupción que no solo salta a la palestra, sino que ha sido juzgado y condenado. Y como se observará, allí no se andan con rodeos: condena a muerte del tirón.

Yo no estoy de acuerdo con la pena de muerte, quien me conoce lo sabe, ni con el régimen que allí impera. Pero en esta ocasión he de aplaudir a los chinos por otra cosa: la celeridad en resolver el caso y aplicar una condena, insisto, con la que se puede estar de acuerdo o no. Esto sucedió el sábado.

Transcribo: "Según el fallo judicial del Tribunal Popular Intermedio de Hengshui, Liu Zhihua, de 59 años, aprovechó su posición como «número dos» en el Gobierno local de Pekín para embolsarse entre 1999 y 2006 unos siete millones de yuanes (763.000 euros, unos 127 millones de las antiguas pesetas ) aceptando sobornos relacionados con la construcción del parque tecnológico de Zhongguancun, donde se ubican gran parte de las empresas informáticas de la capital china."

Tampoco se ha llevado tanto el muchachito, a la vista de los mangazos que hemos visto en nuestro país, en nuestra comunidad, en nuestra ciudad... pero lo que de verdad me malicio en preguntarme es que si ese caso se da en España, ¿cuándo conoceríamos la sentencia?





Aunque… ¿llegaríamos a conocerla?

martes, 16 de octubre de 2007

BOFETADA A BUSH

“Fraternidad entre las naciones” es lo que estipula el testamento de Alfred Nobel. Combatir el calentamiento global no sólo evita desastres climáticos, sino que además promueve esta frase. Por eso mismo, creo que el Nobel de la Paz concedido a Al Gore está más que justificado. Este premio, creo que por primera vez, se aparta de la línea más clásica seguida hasta el momento, que no era otra que buscar la solución a conflictos armados, aliviar la pobreza y las enfermedades y defender los derechos humanos.
Este premio, por tanto, supone en esta edición muchas más cosas que la simple reivindicación sobre la lucha contra el cambio climático. Y de entre todas destaco una: supone una mayor y mejor reivindicación frente a la política medioambiental del presidente George W. Bush. Vamos, una bofeteda.
El presidente estadounidense ha emitido una felicitación que sólo puede calificarse de gélida: a través de su portavoz se declaró “feliz por el premio”. Punto pelota. Se acabo, nada más que añadir salvo la advertencia de que no cambiará su política. Bush, en un alarde de conocimiento, duda que el calentamiento se deba a la acción humana y se sigue negando a firmar una obligación de reducción de emisiones. Él sabrá.
El nuevo premio Nóbel de la Paz ha elegido España como una de las sedes de su proyecto contra el cambio climático. Los próximos días 26 y 28 estará en nuestra ciudad, en Sevilla, como ustedes ya saben. Se trata del "Primer Encuentro Español de Líderes en Cambio Climático", según anunció ayer The Climate Project Spain en su página internet. Gore formará en Sevilla a 200 líderes que tendrán por misión concienciar a la sociedad española acerca de la urgencia de frenar los efectos del cambio climático y la destrucción del planeta a manos del hombre. El encuentro de Sevilla será "un programa internacional" de formación "impartido personalmente por Al Gore".
Bienvenido sea a la ciudad, por tanto, alguien que persigue una idea que ha conquistado el Nobel de la Paz.



Quizás no se pueda decir lo mismo -por si algún día viene- de aquellos a los que les gusta jugar a la guerra… de verdad.

lunes, 25 de junio de 2007

LOS NUESTROS

De nuevo, soldados españoles en misión de paz y seguridad han caído en combate, como si de una guerra se tratara. Desde ayer, en nuestro país y más en concreto en nuestra ciudad -uno de los soldados era sevillano- hay seis familias destrozadas por una situación que, de algún u otro modo, ni nos va ni nos viene.
Bien es cierto que la cooperación internacional es algo a lo que estamos obligados, pero en momentos como este es cuando la rabia nos hace que nos preguntemos ¿y por qué?
En España estamos viviendo una situación de cierta tensión, de miedo si me apuran, desde el momento en que la banda terrorista ETA anunció el final de la tregua. Según la información que nos ha llegado este fin de semana, en Sevilla se busca un piso franco de la banda. Militares y Fuerzas de Seguridad del Estado deben estar con esa espada de Damocles en forma de hacha y serpiente sobre su alma, por no hablar también de concejales, políticos, periodistas, etc. La amenaza la tenemos dentro, pero el dolor también nos viene desde afuera.
Está claro que existen países donde los cascos azules están desempeñando una importante labor humanitaria, pero ya es hora de que estos conflictos acaben o bien que cada uno gobierne su casa y Dios (o quien sea) en la de todos. Con lo que tenemos encima, ya es hora de que los 1.100 paracaidistas vuelvan a casa, así como todos aquellos que al servicio de nuestra bandera se encuentran fuera de nuestras fronteras.
Desde 1989 son ya 135 los soldados españoles fallecidos en este tipo de misiones. Esperemos que la muerte de Jefferson Vargas, Jason Alejandro Castaño, Juan Ericsson, Jonathan Galea, Juan Vidoria y David Puerta sean las últimas. Así lo anhelamos.


Descansen en paz.

jueves, 21 de junio de 2007

NIÑOS

Cuando éramos niños, en la calle o en el colegio nos divertíamos con juegos propios de nuestra edad. Algunos de ellos hacían que todos los chavales nos tuviéramos que dividir en buenos y malos: policías y ladrones, indios y cowboys, etc. ¿Se acuerdan?
En ninguno de ellos imperaba la maldad, el deseo de venganza, el odio por el contrario y, mucho menos, el instinto de la muerte. Bien es cierto que en la mayoría de las ocasiones -sobre todo en los relacionados con el lejano oeste- utilizábamos pistolas de plástico y rifles (yo tuve un bonito Winchester, envidia de mis amigos), algo que creo que a ningún niño de mi edad nos ha dejado una secuela ni nada parecido. Era parte de la caracterización, porque junto a las pistolas también estaban las placas de sheriff, los sombreros, las cartucheras de plástico que imitaban la piel, el caballo de cartón, por supuesto. Éramos -o intentábamos ser- lo más parecido que se pudiera conseguir al mítico John Wayne.
Hace unos días he visto con tristeza niños jugando a la guerra… casi de verdad. Niños en Gaza que, con armas hechas de madera, juegan a algo que nada tiene que ver con lo que nosotros hacíamos. Niños que llevan su juego tan lejos como para interpretar también el final: el entierro de otro niño que se hace el muerto. Nosotros veíamos a Wayne en la tele. Ellos ven la guerra en su entorno.
Pero no todo queda ahí. Veo también como un padre enseña a su hijo a disparar… de verdad, con fuego y arma real; otro hombre dice, con toda naturalidad, que los niños deben aprender la guerra desde sus juegos; una mujer desea que su hijo crezca y se haga fuerte para vengar la muerte de sus hermanos mayores; otro niño idolatra a su hermano, que fue hombre-bomba, deseando poder morir como él…


Aquí lo dejo. Me empieza a doler el estómago. No quiero escribir más sobre esto. Lo siento.

lunes, 7 de mayo de 2007

INTENCIONES

Al conocerse el resultado de las elecciones en Francia, con la victoria de Sarkozy frente a la socialista Royal, se produjeron una serie de disturbios en las calles de las numerosas ciudades francesas. El balance: 270 detenidos y 367 coches quemados.
Visto lo visto, la primera deducción que hago es cómo un determinado sector de la población (mayoritariamente joven) no aprueba que la victoria de las elecciones sea no para el conservador Nicolás Sarkozy, sino para quien ha sido el ministro del Interior del país galo. Ya en el otoño 2005, recordarán los enfrentamientos que se saldaron con unos datos estremecedores (más de 1.000 coches quemados). Y la responsabilidad en aquel momento era del que será presidente de la República el próximo día 14.
He escuchado a Nicolás Sarkozy en sus primeros momentos como presidente electo. El proyecto político de nuestro vecino -fundamentalmente con las “coincidencias vascas” que tenemos con Francia- es necesario a tener en cuenta. Zapatero le califica como un político de una “derecha abierta y moderada” y ya el pasado mes de febrero, en un encuentro entre ambos, se produjeron conversaciones en torno a Europa y cooperación antiterrorista. Eso espero que suceda, al menos durante este último año de legislatura.
De todas las declaraciones de Sarkozy en los primeros minutos de sentirse presidente, me quedo con dos: su voluntad de restablecer los valores de "trabajo, respeto y mérito", así como su garantía de que "dará a todos su oportunidad, aunque junto con los derechos también hay obligaciones”.
Y me pregunto ¿qué hubiera pasado en España si un presidente de gobierno electo, de rasgo conservador, hubiera hablado de trabajo, respeto, derechos y obligaciones? ¿Cuántos coches habrían ardido? Al conocerse el resultado de las elecciones en Francia, con la victoria de Sarkozy frente a la socialista Royal, se produjeron una serie de disturbios en las calles de las numerosas ciudades francesas. El balance: 270 detenidos y 367 coches quemados.
Visto lo visto, la primera deducción que hago es cómo un determinado sector de la población (mayoritariamente joven) no aprueba que la victoria de las elecciones sea no para el conservador Nicolás Sarkozy, sino para quien ha sido el ministro del Interior del país galo. Ya en el otoño 2005, recordarán los enfrentamientos que se saldaron con unos datos estremecedores (más de 1.000 coches quemados). Y la responsabilidad en aquel momento era del que será presidente de la República el próximo día 14.
He escuchado a Nicolás Sarkozy en sus primeros momentos como presidente electo. El proyecto político de nuestro vecino -fundamentalmente con las “coincidencias vascas” que tenemos con Francia- es necesario a tener en cuenta. Zapatero le califica como un político de una “derecha abierta y moderada” y ya el pasado mes de febrero, en un encuentro entre ambos, se produjeron conversaciones en torno a Europa y cooperación antiterrorista. Eso espero que suceda, al menos durante este último año de legislatura.
De todas las declaraciones de Sarkozy en los primeros minutos de sentirse presidente, me quedo con dos: su voluntad de restablecer los valores de "trabajo, respeto y mérito", así como su garantía de que "dará a todos su oportunidad, aunque junto con los derechos también hay obligaciones”.



Y me pregunto ¿qué hubiera pasado en España si un presidente de gobierno electo, de rasgo conservador, hubiera hablado de trabajo, respeto, derechos y obligaciones? ¿Cuántos coches habrían ardido?