SOBRESALIENTE AL CUBO

Me llamaron a decírmelo a principio de semana, con la escueta frase de “cada miembro del tribunal le ha dado un sobresaliente”. Y yo solito, echando cuentas, deduje que al ser tres los integrantes del patíbulo, la cosa termina siendo un sobresaliente al cubo ¿o me equivoco?
Hoy vuelvo un poco la vista atrás y me acuerdo de muchas cosas. Lo más reciente es cuando acabó su carrera de psicología, con unas calificaciones insuperables. Supe entonces que se metía de lleno con la tesina. Buena cosa.
La compaginó -que yo recuerde- con las prácticas en el despacho de su padre y en otros lugares; su beca en el hospital; el arbitraje y los entrenamientos de baloncesto; la colaboración en la priostía de su Hermandad… y además no se le olvidó vivir como su edad le pedía. No dejó de atender nada y todo lo llevó para adelante, mucho más bien que mal.
Su padre y su madre se sienten orgullosos de ella. Y su tía y su tío también. Lo único malo es que me hace viejo cada vez que pienso en estas cosas. ¡Pero si hace tres días que te hacías una foto que a los creativos publicitarios de Coca Cola les hubiera encantado! El tiempo no pasa, corre y vuela.
Esta semana María me vuelve a dar -nos vuelve a dar- otra alegría, la del sobresaliente al cubo, que yo pretendo celebrar este fin de semana con un cubo de cerveza. En mi casa sin que nadie me vea y sin molestar a nadie. A mi forma.
De todos modos, me gusta su trayectoria. No porque lleve mi apellido, sino porque dentro de poco tendrá que echarnos una mano en lo que más sabe. Su prima está deseando conocerla…