martes, 5 de mayo de 2009

¿QUÉ FIRMAMOS? ¿QUÉ PEDIMOS?

Salvo los cinco imputados en el supuesto homicidio, a todos los humanos (he dicho humanos) nos agobia la idea de no saber dónde está el cuerpo de Marta de Castillo.

Intuyo el desánimo (por llamarlo de alguna forma) de los padres, de sus familiares y de sus amigos de verdad. Intuyo la sensación de impotencia de la policía, que creo que han realizado un trabajo espectacular. Intuyo la angustia del juez, que tendrá que buscar nuevas líneas de investigación y que debe tener la sensación de que estos sinvergüenzas se están riendo no solo de él, sino de todo el sistema judicial. E intuyo la angustia política de los políticos, a los que este caso les puede pasar una factura aun sin ser utilizado por la oposición como arma arrojadiza. (Por cierto, mensajito al PP para que no utilice esto políticamente, por favor).

Todo esto lo intuyo, aunque no alcanzo a ponerme en la piel de ninguno de los actores de esta macabra historia. Ni tan siquiera en la de los cinco imputados.

La lejanía del caso me hace reflexionar sobre el porqué de este desagradable capítulo. Sin sentirme acérrimo admirador de los americanos, reconozco que algunas cosas las hacen bastante bien. Si su forma de actuar ante casos como este es idéntica a la que nos muestran en series de televisión (por ejemplo, la serie “Sin Rastro”) es evidente que las primeras 24 horas son de vital importancia para el hallazgo de una persona desaparecida o bien para encontrar las evidencias necesarias para la resolución del caso en el menor tiempo posible. Eso por no hablar de máquinas que no se estropean nunca.

Me lleva todo esto a reflexionar como decía sobre el problema, que puede que esté en el legislador o en las personas que han llegado a dictar los actuales protocolos de actuación policial que ahora parecen erróneos o al menos no lo suficientemente eficaces. Una desaparición no se considera como tal hasta que no han pasado 72 horas. Bien es cierto que, de no existir este freno, toda la policía de este país estaría cada día buscando a esos maridos aburridos y granujas que van a comprar tabaco y se corren una juerga de una noche. Pero como sigo defendiendo a las fuerzas y cuerpos de seguridad, porque creo en ellos y porque no suelen ser tontos en su trabajo, creo también que saben discriminar, en un primer análisis, qué tipo de caso se traen entre manos. Y lo de Marta, a todas luces desde el minuto uno por la actitud de sus padres, al policía más torpe no le hubiera olido bien.

Por ello, me parece respetable que se pidan firmas para la cadena perpetua por parte de los familiares y amigos de Marta del Castillo, pero quizás habría que empezar la casa por los cimientos y que la iniciativa, a partir de este caso, fuera de nuestros sesudos gobernantes y de los técnicos competentes en la materia. Se anotarían un magnífico punto a su favor, cara a la opinión pública, si admiten que el caso de Marta del Castillo debe suponer un antes y un después en todo el proceso de investigación de desaparecidos.

Es doloroso que una chica tenga que morir para algo se arregle. Pero al menos que su muerte no caiga en saco roto y no nos quede la duda que NUNCA volverá a pasar.

Que aparezca su cadáver, que sea pronto y que sirva de escarmiento para todos.


PARA TODOS.

2 comentarios:

dama dijo...

Yo no me puedo quitar de la cabeza lo que estarán sufriendo sus padres.

el aguaó dijo...

Esto que has descrito tan bien, es lo que todos queremos y deseamos. El problema viene dado por la dificultad que representa, pero ojalá sea un escarmiento.

Un abrazo muy fuerte.