ALBERTO Y ASCEN: 10 AÑOS

- Te ha llamado tu mujer.
- Pero si acabo de dejarla en su trabajo, ¿qué querrá? - me pregunté en voz alta.
Manfredi se limitó a enseñarme la portada del ABC.
ETA había asesinado a Alberto Jiménez Becerril y a su mujer. A sangre fría, marca de la casa, con valentía por la espalda, con un tiro en la cabeza a cada uno.
Lógicamente, mi mujer me llamaba para decirme esto. Aquella mañana se nos habían pegado las sábanas y no hubo en casa tiempo para radio ni televisión y salir medianamente informados. Internet no existía aún en nuestro hogar. Tampoco hubiera servido de mucho, porque quien apremiaba aquella mañana era el reloj.
La noche antes estuvimos de copas. Jueves cultural, como le llamábamos en aquellos años. Fue casualidad que nuestros pasos no se hubieran encaminado hacia el Antigüedades y aquella zona, como en muchas ocasiones, porque según cuentan, allí estuvieron Alberto y Ascen antes de encontrarse con aquellos que dejarían huérfanos a sus tres hijos. Muchas veces los vimos allí, los saludamos allí, e incluso compartimos copas y amigos comunes.
La mañana del viernes 30 de enero de 1998, con la impresión en el alma por lo sucedido, acudí a una reunión que tenía programada en el departamento de comunicación de Caja San Fernando, en la plaza de San Francisco. Me impresionó el silencio sobrecogedor de la Plaza Nueva y sus aledaños, llenos de sevillanos. No se oía una mosca. Aún siento un escalofrío cuando recuerdo el sonido profundo de aquel silencio. ¡Qué impresión!
Un buen amigo, que ocupaba un puesto de alta responsabilidad en el Ayuntamiento en aquel tiempo, me ha contado en alguna ocasión lo que fue su vida durante aquellos dos días, casi sin salir de la Casa Grande. Yo sólo alcanzo a preguntarle: "Toni, ¿cómo lo resististe? No las horas de trabajo -esas las aguantamos todos- sino la presión de perder a alguien tan cercano en esas condiciones". Él no sabe responderme. Es tremendo.
Sea como fuere, aunque existan después de diez años diferencias entre Teresa, la hermana de Alberto y los políticos, su Fundación no funcione como los herederos quieran y muchas otras cosas más, lo cierto es que el terror, el miedo, el pánico y el dolor se adueñaron de la ciudad durante aquellos días. Han pasado diez años y, al menos yo, lo sigo recordando. Una ciudad que sabe guardar silencio cuando debe y que guarda silencio también cuando algo le asusta.
Y sin duda aquello daba miedo.
A Alberto Jiménez-Becerril y Ascensión García Ortiz, en el décimo aniversario del vil asesinato que acabó con sus vidas. Aún os recordamos.
Sea como fuere, aunque existan después de diez años diferencias entre Teresa, la hermana de Alberto y los políticos, su Fundación no funcione como los herederos quieran y muchas otras cosas más, lo cierto es que el terror, el miedo, el pánico y el dolor se adueñaron de la ciudad durante aquellos días. Han pasado diez años y, al menos yo, lo sigo recordando. Una ciudad que sabe guardar silencio cuando debe y que guarda silencio también cuando algo le asusta.
Y sin duda aquello daba miedo.
A Alberto Jiménez-Becerril y Ascensión García Ortiz, en el décimo aniversario del vil asesinato que acabó con sus vidas. Aún os recordamos.