SABER CALLAR

Llevo leyendo en numerosos foros y blogs opiniones sobre el reportaje de la señorita Thais Villa en el programa "El Intermedio" de La Sexta. Tuve la ocasión de poderlo ver en directo, ya que en el momento de su emisión me encontraba en casa. Y lo tenía puesto no porque el Sr. Wyoming sea santo de mi devoción, ni su programa, sino porque esa señorita entrevistó en la tarde del Martes Santo a mi suegra.
Sólo comenzar a verlo me dije a mi mismo que aquello no me iba a gustar. Efectivamente, así fue. No me gustó absolutamente nada. Aunque parte de culpa la tuvieron aquellos que se pusieron ante el micrófono de la señorita Villa. Porque...
... no logro entender cómo un nazareno le habla a una alcachofa.
... cómo un músico de la Banda del Sol le presta su casco.
... cómo un costalero hace la gracia de cogerla en brazos.
... cómo una saetera se atreve a hacer la gracia de tararear una saeta al micrófono.
... cómo alguien le prestó un capirote a la susodicha señorita.
... cómo a unas señoras en la Avenida les sigue pareciendo gracioso "miarmear" (término que muy acertadamente le escuché a Fran López de Paz en El Llamador hace unas noches).
Sé que al bueno de Adolfo, el Hermano Mayor del Cerro, esto le habrá sentado bastante mal, pero sin duda ni él ni la Hermandad son culpables de esto, por mucho que gente cercana a la misma hiciera el ridículo ante la cámara. Y es que una cámara impone (y gusta) mucho. Pero que nos sirva a todos -sí, A TODOS- sobre lo que no se debe hacer.
No voy a gastar mi tiempo en proferir unos cuantos insultos a la señorita Thais Villa, a la que se le apoda en un blog experto en televisión como "la borracha" (http://tvlia.com/tag/el-intermedio/), sino más bien hacer un examen de conciencia sobre si de verdad nos interesa que nuestra Semana Santa sea tratada a nivel nacional sin control o si por contra, las Hermandades, como instituciones que viven en el siglo XXI, deben abordar la comunicación y las relaciones con los medios de forma profesional. Esto, quizás en gran parte, se hubiera evitado. Quien me conoce sabe que sé de lo que hablo.
Pero no quiero acabar sin contar el hecho que me ha llevado a escribir estas líneas: la intervención de mi suegra en el reportaje. La escena se desarrolló de esta forma:
La señorita Thais Villa se le acerca y le pregunta:
- Señora ¿está usted emocionada?
Mi suegra responde:
- Pues no.
La reportera vuelve a la carga:
- Pero ¿no siente ganas de llorar al ver a la Virgen?
Y mi suegra, oliéndose la tostá, vuelve a responder con cara de Jocker:
- Pues no, señorita.
Fin de la conversación.
Sólo comenzar a verlo me dije a mi mismo que aquello no me iba a gustar. Efectivamente, así fue. No me gustó absolutamente nada. Aunque parte de culpa la tuvieron aquellos que se pusieron ante el micrófono de la señorita Villa. Porque...
... no logro entender cómo un nazareno le habla a una alcachofa.
... cómo un músico de la Banda del Sol le presta su casco.
... cómo un costalero hace la gracia de cogerla en brazos.
... cómo una saetera se atreve a hacer la gracia de tararear una saeta al micrófono.
... cómo alguien le prestó un capirote a la susodicha señorita.
... cómo a unas señoras en la Avenida les sigue pareciendo gracioso "miarmear" (término que muy acertadamente le escuché a Fran López de Paz en El Llamador hace unas noches).
Sé que al bueno de Adolfo, el Hermano Mayor del Cerro, esto le habrá sentado bastante mal, pero sin duda ni él ni la Hermandad son culpables de esto, por mucho que gente cercana a la misma hiciera el ridículo ante la cámara. Y es que una cámara impone (y gusta) mucho. Pero que nos sirva a todos -sí, A TODOS- sobre lo que no se debe hacer.
No voy a gastar mi tiempo en proferir unos cuantos insultos a la señorita Thais Villa, a la que se le apoda en un blog experto en televisión como "la borracha" (http://tvlia.com/tag/el-intermedio/), sino más bien hacer un examen de conciencia sobre si de verdad nos interesa que nuestra Semana Santa sea tratada a nivel nacional sin control o si por contra, las Hermandades, como instituciones que viven en el siglo XXI, deben abordar la comunicación y las relaciones con los medios de forma profesional. Esto, quizás en gran parte, se hubiera evitado. Quien me conoce sabe que sé de lo que hablo.
Pero no quiero acabar sin contar el hecho que me ha llevado a escribir estas líneas: la intervención de mi suegra en el reportaje. La escena se desarrolló de esta forma:
La señorita Thais Villa se le acerca y le pregunta:
- Señora ¿está usted emocionada?
Mi suegra responde:
- Pues no.
La reportera vuelve a la carga:
- Pero ¿no siente ganas de llorar al ver a la Virgen?
Y mi suegra, oliéndose la tostá, vuelve a responder con cara de Jocker:
- Pues no, señorita.
Fin de la conversación.
Ese corte, evidentemente, no fue emitido.
Desgraciadamente, ya tengo otro ejemplo más para el próximo curso que imparta sobre lo que se debe y no se debe hacer.
Desgraciadamente, ya tengo otro ejemplo más para el próximo curso que imparta sobre lo que se debe y no se debe hacer.