BOFETADA A BUSH
“Fraternidad entre las naciones” es lo que estipula el testamento de Alfred Nobel. Combatir el calentamiento global no sólo evita desastres climáticos, sino que además promueve esta frase. Por eso mismo, creo que el Nobel de la Paz concedido a Al Gore está más que justificado. Este premio, creo que por primera vez, se aparta de la línea más clásica seguida hasta el momento, que no era otra que buscar la solución a conflictos armados, aliviar la pobreza y las enfermedades y defender los derechos humanos.Este premio, por tanto, supone en esta edición muchas más cosas que la simple reivindicación sobre la lucha contra el cambio climático. Y de entre todas destaco una: supone una mayor y mejor reivindicación frente a la política medioambiental del presidente George W. Bush. Vamos, una bofeteda.
El presidente estadounidense ha emitido una felicitación que sólo puede calificarse de gélida: a través de su portavoz se declaró “feliz por el premio”. Punto pelota. Se acabo, nada más que añadir salvo la advertencia de que no cambiará su política. Bush, en un alarde de conocimiento, duda que el calentamiento se deba a la acción humana y se sigue negando a firmar una obligación de reducción de emisiones. Él sabrá.
El nuevo premio Nóbel de la Paz ha elegido España como una de las sedes de su proyecto contra el cambio climático. Los próximos días 26 y 28 estará en nuestra ciudad, en Sevilla, como ustedes ya saben. Se trata del "Primer Encuentro Español de Líderes en Cambio Climático", según anunció ayer The Climate Project Spain en su página internet. Gore formará en Sevilla a 200 líderes que tendrán por misión concienciar a la sociedad española acerca de la urgencia de frenar los efectos del cambio climático y la destrucción del planeta a manos del hombre. El encuentro de Sevilla será "un programa internacional" de formación "impartido personalmente por Al Gore".
Bienvenido sea a la ciudad, por tanto, alguien que persigue una idea que ha conquistado el Nobel de la Paz.
Quizás no se pueda decir lo mismo -por si algún día viene- de aquellos a los que les gusta jugar a la guerra… de verdad.







Ayer se presentaron los presupuestos generales del Estado. Por cierto, que hemos perdido esa imagen de todo un camión lleno de libros y el ministro de turno -y del ramo- con varios volúmenes en las manos, para pasar a tener esa cantidad de números en un pen driver. Bueno, al menos algo hemos mejorado.
De nuevo los taxistas son los protagonistas, de forma lamentable, de la actualidad informativa de la ciudad. Sus continuos encontronazos con los hoteleros han acabado en una actitud poco propia por parte de algunos miembros del colectivo del volante, al arrojar huevos a las fachadas y proferir amenazas a los recepcionistas de varios hoteles.




Las vueltas que da la vida. De nuevo otro barco se ha encargado de ensuciar nuestras playas. Como está visto y comprobado, estas situaciones se repiten sea el gobierno de cualquier color: en Galicia le tocó a un ministro popular; ahora en Ibiza le toca a un ministro socialista.





En estos días de verano se celebran en numerosos pueblos de la geografía española sus fiestas y sus tradiciones. En un buen número de las mismas, el animales como tal tiene un papel protagonista. No sólo es en San Fermín donde se realizan los encierros, sino que también en otros puntos de nuestro país se sueltan toros por las calles, toros embolados, toros de fuego, etc. Todo ello conlleva un sufrimiento del animal, sacado de su hábitat y vejado por jóvenes y mayores.
Cuando vi las imágenes en la televisión me pareció gracioso e ingenioso, pero sólo al principio. Tan sólo unos segundos después, cuando me di cuenta que lo que se partía era mobiliario y enseres de verdad, me llevé las manos a la cabeza.




Por fin ya tenemos un Ayuntamiento con sus delegados nombrados y sus Delegaciones definidas. Ha costado trabajo enterarse. Como diría algún clásico, esto ha sido “el parto de la burra”.


Han pasado ya 25 años desde que nos dejara a todos atónitos ese extraterrestre simpático que Spielberg se sacó de la manga. E.T. no nos daba miedo, más al contrario, nos hacía sentir cariño por él y algo de manía por aquellos agentes de la administración americana que quisieron abrirlo en canal.








